|
es una caricatura de las dictaduras en nuestro continente. Gracias a los disparates que comete el Supremo dictador muchos logran hacer de las suyas, hacen y deshacen a su antojo, pues el Supremo Dictador es un reverento idiota. Cuando alguien le aconseja para que cambie de rumbo, este hombre, El Dictador se empeña en hacer todo lo contrario y pobre de quien ose contradecir a esa eminencia en política, ciencia, cultura, literatura y cuanta materia del conocimiento humano haya. El dictador es un payaso, un t[itere de gente que busca a toda costa obtener ganancias, y por ello no duda en limpiar el piso de su gran tonto útil. A pesar que la novela de Roa Bastos tiene décadas de haber sido publicada, pareciera que nadie o muy pocos la leyeron. Es algo habitual, es mejor leer libritos de mala muerte o auto-ayuda antes que iniciarse en el complejo análisis de la literatura de gran élite. Pero ejemplo del Dictador rodeado de sus captores hay muchos. No podemos dejar de lado a nuestro compatriota Manuel Scorza y su “Redoble por Rancas”, maravilloso paisaje de la vida en nuestro Perú Profundo. A pesar de tantas páginas de maravillosa literatura nos muestran lo triste y patético que resulta ser el sobón del jefe, pocos asumen una conducta crítica y analizan que la persona pierde su dignidad por vivir y morir en el deseo de cumplir el capricho de su Dictador. Dictadores los hay muchos y de todos los calibres, pero mientras menos poder, más se la creen, y pareciera que los sobones son de la peor condición. Se dice que para conocer la esencia de una persona es necesario darle el poder absoluto, y se podrá comprobar si es una cruel dictador, un sanguinario, o una persona digna de admiración. Cuidado con esos dictadores que van por allí, por la vida, paseando de un lado a otro, buscando sobones, gente que les bese los pies a cambio de un mirada piadosa. |